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  CARTAS DE LA TIERRA
 
Cartas de la Tierra
Mark Twain
 
El Creador estaba sentado sobre el trono, pensando. Detrás de Él, se extendía el continente ilimitable, del cielo, impregnado de un resplandor de luz y colores; ante Él se elevaba la noche del Espacio, como un muro. Su poderoso volumen se erguía, tosco y semejante a una montaña, en el cenit, y Su cabeza divina refulgía allí como un sol distante. A Sus pies habla tres figuras Colosales, disminuidas casi hasta desaparecer, por el contraste - los arcángeles -, con la cabeza al nivel de Sus tobillos. Cuando el Creador hubo terminado de pensar, dijo: "He pensado. ¡Contemplad!" Levantó la mano, y de ella brotó un chorro de fuego, un millón de soles estupendos, que rasgaron las tinieblas y se elevaron más y más y más lejos, disminuyendo en magnitud e intensidad al traspasar las remotas fronteras del Espacio, hasta que al fin no fueron sino como puntos de diamantes que despedían luces bajo el vasto techo cóncavo del universo.
Al cabo de una hora fue despedido el Gran Consejo. Los miembros se retiraron de la Presencia impresionados y cavilosos, y se dirigieron a un lugar privado donde pudieran hablar con libertad. Ninguno de los tres parecía querer comenzar, aunque todos querían que alguien lo hiciera. Cada uno ardía en deseos de discutir el gran acontecimiento, pero prefería no comprometerse hasta saber Cómo lo consideraban los otros. Así que hubo una conversación vaga y llena de pausas sobre asuntos sin importancia, que se arrastró tediosamente, sin llegar a ninguna parte, hasta que por fin el arcángel Satanás se armó de valor - del que tenía una buena provisión- y abrió el fuego. Dijo "Todos sabemos de qué tenemos que hablar aquí, caballeros, y ya podemos dejar los fingimientos, y comenzar. Si esta es la opinión del Consejo..." "¡Lo es, lo es!" dijeron Gabriel y Miguel, interrumpiendo agradecidos.
"Muy bien, entonces, adelante. Hemos sido testigos de algo maravilloso; en cuanto a eso, estamos necesariamente de acuerdo. En cuanto a su valor -si es que lo tiene- es cosa que no nos concierne personalmente. Podemos tener tantas opiniones sobre ello como nos parezca, y ése es nuestro límite. No tenemos voto. Yo pienso que el Espacio estaba bien como estaba, y que era útil, también. Frío y tinieblas: un lugar tranquilo, de vez en cuando, después de una temporada en los agotadores esplendores y el clima excesivamente delicado del cielo. Pero éstos son detalles de poca monta. El nuevo rasgo, el inmenso rasgo distintivo es -¿cuál, caballeros?". "La invención e introducción de una ley automática, no supervisada, auto-reguladora, para el gobierno de esas minadas de soles y mundos danzantes y vertiginosos!" "¡Eso es!" dijo Satanás. "Ustedes perciben que es una idea estupenda. El Intelecto Maestro no ha producido nada que se le aproximara
antes. La Ley -la Ley Automática- ¡la Ley exacta e invariable - que no requiere vigilancia, ni corrección, ni reajuste mientras duren las eternidades! Él dijo que esos innúmeros cuerpos enormes se precipitarían a través de las inmensidades del Espacio por la eternidad, a velocidades inimaginables, en órbitas estupendas y que sin embargo nunca chocarían, nunca prolongarían o disminuirían sus períodos orbitales ¡ni en la milésima parte de un segundo en dos mil años! Eso es el nuevo milagro, y el mayor de todos: la Ley Automática. Y Él le dio un nombre: LEY DE LA NATURALEZA -y dijo que la Ley de la Naturaleza es la LEY DE DIOS nombres intercambiables para una y la misma cosa "SI”, dijo Miguel, "y Él dijo que establecerá la Ley Natural - la Ley de Dios en todos sus dominios, y que su autoridad seria suprema e inviolable." "Además", dijo Gabriel, "dijo que luego crearla animales y los pondría, de igual modo,
bajo la autoridad de esa Ley." "Si", dijo Satanás, "ya lo oí, pero no entiendo. ¿Qué quiere decir animales, Gabriel?" "Ah, ¿cómo puedo saberlo yo? ¿Cómo podría saberlo ninguno de nosotros? Es una palabra nueva." (Intervalo de tres siglos, tiempo celestial: el equivalente de cien millones de años, tiempo terrenal. Entra un Ángel Mensajero.) "Caballeros, está haciendo los animales. ¿Quieren venir a ver?" Fueron, vieron y se quedaron perplejos, profundamente perplejos -y el Creador lo notó, y dijo, " Preguntad Responderé." "Divino", dijo Satanás haciendo una reverencia, "¿para qué son?" "Constituyen un ejemplo de Moral y Conducta. Observadlos y aprended” Había miles de ellos. Estaban plenos de actividades. Atareados, todos atareados principalmente en perseguirse unos a otros. Satanás hizo notar -después de haber
examinado a uno de ellos con un poderoso microscopio: "Esta gran fiera está matando a los animales más débiles, Divino." “'El tigre, sí. La ley de su naturaleza es la ferocidad. La ley de su naturaleza es la Ley de Dios. No puede desobedecería." "¿Entonces al obedecerla no comete falta alguna, Divino?" "No, no tiene culpa." "Esta otra criatura, ésta que está aquí, es tímida, Divino, y sufre la muerte sin resistirse." "El conejo, sí. No tiene valor. Es la ley de su naturaleza. La Ley de Dios. Debe obedecerla." "¿Entonces no se le puede exigir que contradiga su naturaleza y se resista, Divino?" "No. A ningún animal se le puede obligar decentemente a contradecir la ley de su naturaleza. La Ley de Dios." Después de un largo tiempo y de muchas preguntas, dijo Satanás. "La araña mata a la mosca, y la come; el pájaro mata a la araña y la
come; el gato montés mata al ganso; el... todos se matan unos a otros. Es una serie de asesinatos en sucesión. Hay aquí multitudes incontables de animales y todos matan, matan, matan, todos son asesinos. ¿No son culpables, Divino?" No son culpables. Es la ley de su naturaleza. Y siempre la ley de la naturaleza es la Ley de Dios. Ahora -observad- ¡contemplad! Un nuevo ser la obra maestra: ¡el Hombre!" Hombres, mujeres, niños venían en tropel, en bandadas, en millones. "¿Qué haréis con ellos, Divino?" "Poner en cada individuo, en distintos grados y tonos, todas las diversas Cualidades Morales, en masa, que se han estado distribuyendo una por vez, como única característica distributiva, entre los animales sin palabra - valor, cobardía, ferocidad, blandura, equidad, justicia, astucia, traición, magnanimidad, crueldad, malicia, lujuria, merced, piedad, pureza, egoísmo, dulzura,
honor, amor, odio, bajeza, nobleza, lealtad, falsedad, veracidad, engaño - cada ser humano tendrá todo esto en si, y eso constituirá su naturaleza. En algunos habrá características nobles y elevadas que sofocarán a las mezquinas, y esos se llamarán hombres buenos; en otros dominaran las características mezquinas, y esos se llamarán hombres malos. Observad - contemplad - ¡desaparecen!" "¿Dónde han ido, Divino?" "A la Tierra, ellos y los demás animales." "¿Qué es la Tierra?" "Un pequeño globo que hice una vez, hace dos tiempos y medio. Vosotros lo visteis, pero no lo notasteis en la explosión de mundo y soles que surgieron de mi mano. El hombre es un experimento, los otros animales son otro experimento. El tiempo demostrará si valía la pena. La exhibición ha terminado; podéis marcharos, caballeros." Pasaron varios días. Esto representa un largo periodo de
(nuestro) tiempo, ya que en el cielo un día es como mil años. Satanás hacia comentarios admirativos sobre algunas de las refulgentes industrias del Creador, comentarios que, leyendo entre líneas, resultaban sarcasmos. Se los había hecho confidencialmente a los amigos de quienes estaba seguro, los otros arcángeles, pero algunos ángeles lo oyeron e informaron al Cuartel General. Se le ordenó marchar al destierro por un día: el día celestial. Era un castigo al que estaba acostumbrado, gracias a su lengua demasiado suelta. Antes lo habían deportado al Espacio, por no haber otro lugar donde mandarlo, y allí había revoloteado aburriéndose en la noche eterna y el frío del ártico; pero ahora se le ocurrió ir más allá y buscar la Tierra para ver cómo resultaba el experimento de la Raza Humana. Después de un tiempo escribió -muy privadamente- sobre eso a San Miguel y San
Gabriel. La carta de Satanás
Este es un lugar extraño, un lugar extraordinario, e interesante. No hay nada que se le parezca allí. Toda la gente es loca, los otros animales son todos locos, la Tierra es loca, la Naturaleza misma es loca. El hombre es una rareza maravillosa. En las condiciones más favorables, es una especie de ángel del grado más bajo enchapado en níquel; en las peores, es indescriptible, inimaginable; y antes, y después, y todo el tiempo, el hombre es un sarcasmo. Y sin embargo, con toda sinceridad y sin ningún esfuerzo, se llama a sí mismo "la obra más noble de Dios." Es verdad lo que les digo. Y esta idea no es nueva en él: la ha pregonado a través de todos los tiempos, y la creyó. La creyó y no encontró a nadie en toda su raza que se riera de ella. Más aún, si puedo obligarlos a Uds. a hacer
otro esfuerzo de imaginación el cree ser el favorito del Creador. Cree que el Creador está orgulloso de él; hasta cree que el Creador lo ama; que siente pasión por él; que se queda levantado de noche para admirarlo; si, y para protegerlo y alejarlo; de problemas. Le reza y cree que Él lo escucha. ¿No es una idea curiosa? Llena sus oraciones de toscas alabanzas floridas y de mal gusto, y piensa que Él se sienta ronroneando a gozar de esas extravagancias. Los hombres lloran pidiendo ayuda, y benevolencia y protección, todos los días; y todavía más, lo hacen con esperanza y con fe, aunque ninguna de sus oraciones ha recibido respuesta jamás. La afrenta diaria, el fracaso diario, no los desanima: siguen rezando lo mismo. Hay algo casi noble en su perseverancia. Y ahora debo exigirles otro esfuerzo: ¡el hombre cree que irá al Cielo! Tiene maestros asalariados que le dicen eso. También le dicen que hay un infierno de fuego inextinguible, y que irá ahí si no guarda
los Mandamientos. ¿Qué son los Mandamientos? Son algo muy curioso. Les diré algo de ellos más adelante.





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